Arquivo para 25 de janeiro de 2010

25
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Nota sobre La bufanda del aviador

Conforme já anunciado em nossa programação, nesta sexta, 29, a Palavraria receberá a visita do poeta uruguaio Atílio Duncan Pérez da Cunha, o Macunaíma, para o lançamento em Porto Alegre de seu livro de poemas La bufanda del aviador. Para que conheçamos um pouquinho mais sobre o poeta e seu livro, transcrevemos abaixo uma nota escrita pelo jornalista Élbio Barilari, publicada no jornal El País a propósito do lançamento deste livro em Montevidéu, em 2008.

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Nota sobre La Bufanda

Elbio Rodríguez Barilari, Diario EL PAIS de Montevideo, diciembre 2008

“Macunaima” lanzado con bombos y platillos, tamboriles, bajos y guitarras. Haciendo historia a varias puntas.

El volumen publicado por Ediciones de la Banda Oriental confirma el lugar único de “Macunaíma” dentro de la cultura uruguaya.

La bufanda del aviador es un libro que anda en carne viva. Y que, como su autor, hace historia.

Colectivamente, los uruguayos nos debíamos algo así, escrito desde la experiencia, los dolores y las alegrías más abismales. Y por un gran poeta.

Macunaíma fue el título de una novela del brasileño Mario de Andrade. En 1969, nos tocó ver la película dirigida por Joaquim Pedro de Andrade, que le dio nueva vida al personaje. Y de paso, le dio un apodo a Atilio Duncan Pérez da Cunha, quien se quedó para siempre “Macunaíma”.

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Nuestro “Macunaíma” sabe que en última instancia, toda literatura es autobiográfica. Y se zambulle en una historia personal que es también generacional.

La bufanda del aviador recoge sin tapujos la experiencia de los que crecimos y estudiamos en el Uruguay anterior a la dictadura, con sus pros y sus contras. Y luego nos bancamos enterita la dictadura, sin anestesia.

Una generación para la que el rock y la nueva canción, el cine norteamericano, Fellini, Antonioni y Bergman, se mezclaban con el caos de la enseñanza, los tupamaros, el pachecato y la polarización política de un país que se iba cerrando paulatinamente cualquier salida sensata.

Era la Biblia junto al calefón. Jimi Hendrix y el Che Guevara. Zitarrosa y Janis Joplin. Cortázar y la odiosa marcha de las Fuerzas Conjuntas. Un país en el que la sensación de estar vivo era vertiginosa y crispada.

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Dominaba una sensación de urgencia. De hacer, hacer, hacer. Y “Macunaíma” fue un hacedor desde sus programas de radio en CX 42 Radio Vanguardia, que estaba en un altillo del Teatro Stella. Y desde los espectáculos que produjo.

Macunaíma 1, 2, 3 y 4 fueron como una continuación de las Musicaciones y de la serie de los Conciertos de la Rosa. Allí había rock, canto popular, danza, poesía, jazz o tango, todo en la misma noche.

El Expression Jazz Quartet y el Pájaro Canzani. Darnauchans y el entrañable Homero Campistrouz tocando el Concert for Cootie de Duke Ellington. Y “Macu” con sus poemas.

En un tiempo recorrimos barrios, él diciendo su poesía, yo acompañándolo en la guitarra. Hasta en Canal 12 con Ignacio Suárez estuvimos.

“Macunaíma” fue publicando sucesivos libros. Su intensidad sin atenuantes y su apego a Bob Dylan y a los poetas beatniks estadounidenses no fue disfrutado por el “establishment” literario.

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La poesía uruguaya estaba extraviada en laberintos de citas culturosas y jueguitos de palabras cruzadas, pueriles al fin.

A fines de los 70 la poesía de “Macunaíma” fue descrita como “dylaniana y tanguera”, dos elogiosos calificativos. Y así ha seguido.

Escribir poesía, cuando uno no usa escudos formales ni guantes de seda estilísticos, puede ser una operación dolorosa.

Como Líber Falco, “Macunaíma” es un “entrañudo”. Como aquel, “Macunaíma” escribe desde la orilla del mundo. La memoria y la muerte, dos de los grandes temas de la poesía universal, son presencias recurrentes.

Y hay memorias concretas, que en este caso me toca compartir. Como aquel altillo cerca del Palacio Legislativo donde escuchábamos blues y a Paco Ibáñez. El viejo IPA.

Los recitales. Las “pinzas” policiales que nos hacían bajar del ómnibus porque éramos jóvenes y usábamos el pelo largo. Darnauchans. El “Choncho” Lazaroff.

Pero el “Macu” siempre le puso a todo una cuota de humor que también está presente en su poesía. A la manera de Ernesto Cardenal, desafía burlonamente a la muerte. O se inventa un desopilante viaje ficticio a través de Estados Unidos en busca del indestructible poeta Lawrence Ferlinghetti. El mismo que nos bautizó en grupo (junto a Víctor Cunha y Elder Silva,) como los Urubeatniks.

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“Macunaíma” ha sido definido como un poeta del rock y sus consecuencias. Entre las consecuencias, hay que contar el imponente, conmovedor desfile artístico que apoyaba la presentación de su libro en la Sala Zitarrosa.

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